Opinión

La Ciencia de la “Muerte Dulce”: El peligro oculto en nuestras cocinas y habitaciones

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Por HUMBERTO CONTRERAS VIDAL.

El monóxido de carbono es un gas que se produce como consecuencia de una combustión incompleta. No existe ninguna máquina tan eficiente que siempre sea capaz de llevar a cabo reacciones de combustión completas.

Una reacción de combustión debe entenderse simplemente como el momento en que un material se quema o se incendia; cuando se produce un fuego o una llama, decimos que es posible porque ha ocurrido esta reacción química.

Todo motor de combustión, estufa de gas o caldera, por más moderno y eficiente que sea, produce trazas de monóxido de carbono. Por tanto, se reitera: la combustión libre de monóxido de carbono en la vida cotidiana no existe.

Como es prácticamente imposible evitar su producción, la seguridad colectiva debe atender los dos puntos que son más fácilmente controlables.

En primer lugar, la evidencia histórica demuestra que prácticamente todas las víctimas por intoxicación con monóxido de carbono se ubican en espacios cerrados. Esto significa que la ventilación es el arma más poderosa para reducir o evitar definitivamente estos fallecimientos. La ventilación continua (ya sea pasiva mediante rejillas y ventanas, o forzada mediante extractores) introduce aire limpio y retira el aire contaminado de forma constante.

En segundo lugar está el tiempo de exposición en esos lugares cerrados. Como todos los gases venenosos, el monóxido de carbono puede matar con mayor o menor rapidez según su concentración (la cantidad que haya presente en el ambiente). Concentraciones iguales o superiores al 1.28% en el aire pueden causar una muerte fulminante en menos de 5 minutos.

En pocas palabras: si usted está en un espacio cerrado y siente un leve dolor de cabeza, náuseas, se le acelera el corazón, percibe que va perdiendo energía o le va dando un sueño repentino…, abra urgentemente puertas y ventanas o salga de allí de inmediato por sus propios pies mientras pueda. Por más limpio y fresco que aparente estar el lugar debido a los aires acondicionados, recuerde que el monóxido de carbono es completamente invisible, no huele ni sabe a nada.

Todos esos síntomas señalados en el párrafo anterior se corresponden con una exposición aguda al monóxido de carbono. El proceso ocurre prácticamente sin dolor, razón por la cual, desde el punto de vista forense, médico y toxicológico, la expresión “muerte dulce” es comúnmente utilizada como un término descriptivo para quienes fallecen de esta forma. El cerebro se apaga lentamente por falta de oxígeno antes de que el cuerpo pueda reaccionar.

En síntesis, para reducir o evitar más tragedias por monóxido de carbono, la principal estrategia con que contamos se resume en dos acciones defensivas: mantener los espacios cerrados adecuadamente ventilados e instalar un dispositivo electrónico que mida permanentemente la calidad del aire.

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