Como alternativa podría decir “¿por qué no mejor nos concentramos en nuevas formas de generar ideas para mejorar en nuestra empresa y luego de probarte con resultados evaluamos tu promoción?”. Aunque, sin dudas, se trata de una negación, está más suavizada y sus efectos son menos chocantes que el “no” pleno. Pero, atención: si los “por qué no mejor…” se convierten en frecuentes, terminan siendo considerados como “no” disfrazados, por lo que pierden su poder atenuador.
Mostrar que hay oportunidad con un “No, pero…”
Es buena salida a la respuesta anterior ya que, en este caso, implica que se podría aceptar parcialmente la idea o propuesta si se tiene en cuenta un feedback, lo que abre una ventana de posibilidad al interlocutor, animándolo a darle una vuelta adicional a su planteo para mejorarlo o para postergarlo hasta que la condición que enmarca el NO (justificada con el “pero”) pueda evolucionar.
Imaginemos que un vendedor que habla con un gerente para ofrecerle un curso de técnicas de
creatividad recibe un “No, pero si tiene algo que me ayude a resolver el
clima laboral podría considerarlo”. Obtiene un “no”, que puede ser temporal, y un “pero” que puede convertirse en un futuro “sí” si sabe gestionarlo.
Aplicado al caso del empleado que pide un ascenso, el jefe podría decirle “hoy no puedo promocionarte, pero si mejoras tu nivel de idioma tendrías grandes posibilidades en un año”.
Posibilidades condicionadas con un “sí, pero…”
Aunque sea una respuesta afirmativa todo lo que viene detrás del “pero” tiende a enfocar la energía en los elementos limitantes. Esta respuesta implica que debe tomarse una medida de mejora a cambio tener un “sí” al 100%. “Sí, podré promocionarte, pero siempre y cuando estés dispuesto a relocalizarte”. A diferencia de los casos anteriores, el receptor sentirá que logró una respuesta afirmativa, pero quedará en sus espaldas resolver el condicionante que le impongan. Después de todo, si no llega a resolverlo sentirá que es su responsabilidad.

Potenciar (o licuar) con un “sí, y además…”
Siempre es mejor agregar que restar, especialmente cuando se trata de una idea o propuesta viable que necesita ser mejorada. También, el “además” se puede convertir en una herramienta que licúe algunos aspectos que queremos eliminar sin necesidad de usar un “si, pero” ya que agregar elementos a una idea o propuesta termina desplazando o acotando aquellos que no nos convencen. Es más fácil lograr la transformación agregando más de cosas buenas que limitando la que no son adecuadas, porque “sacar” implica que el otro siente que pierde algo de su libertad o autoría, o que sale de su zona de comodidad; mientras que el agregar nos deja tranquilos de que somos valorados, de que no está en riesgo nuestro devenir y que si alguien suma algo a lo que hacemos nos hace sentir como que somos buenos y alguien quiere sumarse a nuestra propuesta.
Gestionar la escala
Entre el “no” y el “sí” existe una escala de posibilidades para dar feedback, para recibirlo o para ayudar al interlocutor a darse cuenta sobre cuál es la verdadera respuesta que nos está dando para identificar especialmente si las puertas que vemos entreabiertas están con la oportunidad de abrirse o si se están cerrando.
Es importante transformar nuestra mentalidad y entrenarnos en estos aspectos. Lo primero que podemos hacer es anticiparnos al por qué alguien podría decirnos que “no” y trabajar en eso. Nuestro conocimiento y experiencia puede ayudarnos a adivinar o presuponer cuales son estas razones ya que, tal vez, las hayamos experimentado antes.
En lugar de evitar la mayor de las objeciones de la otra parte, hay que comenzar con ella. Si no lo hacemos, la gente no nos escuchará. Al contrario, estarán esperando que terminemos de hablar para decirnos por qué “no” a nuestra idea o propuesta. Imaginemos que un vendedor recibió varias veces un “no” de parte de un cliente porque cuando probó el producto había fallado. El vendedor podría decir “tras las fallas relevadas en varias pruebas al lanzar el producto, trabajamos con el feedback y aporte de los principales clientes del mercado y logramos desarrollar esta nueva versión, que ya está implementada y funcionado con éxito en… ¿Desea hacer una prueba?”.
Por otra parte, un “no” no significa que un “sí” es imposible. Si fuera así habría mucha gente decepcionada, sin iniciativa, sin resiliencia. Lo más probable que recibamos en nuestra vida son los “no”, sean en ventas, en entrevistas laborales, en citas…
Así como la mayoría de las respuestas son más emocionales que intelectuales, la mayoría de nosotros tomamos decisiones más justificadas en evitar el dolor, la pérdida o los miedos que para lograr el placer y
bienestar. Esto hace que el primer impulso de muchos sea encontrar razones para no tomar una decisión, para no hacer un cambio o no autorizar algo. Toda decisión implica un riesgo, pero el problema es que no decidir o decir que “no” también tiene un riesgo por inacción. Sino pregúntenles a los jefes que dijeron que “no” a propuesta de sus mejores empleados, y terminaron perdiéndolos. O a aquellos clientes que no quisieron su producto o servicio y ahora ven los resultados en sus competidores.
Muchas veces un “no” es una respuesta corta y rápida que, en realidad, significa “tal vez”, por lo que está en los detalles saber identificar en qué parte de la escala entre los “sí” y “no” está la respuesta. Si no tuviéramos esta mirada, podríamos equivocar nuestras acciones, y en lugar de convertirnos en personas curiosas que preguntamos para obtener más información, nos volvemos insistentes, e insistir para conseguir un “sí” puede ser contraproducente porque nos llevaría a un “no” terminante. Así me sentí tiempo atrás cuando un vendedor en Cancún me insistió para venderme un “tiempo compartido”: no solo me molestó, sino que levanté una queja y hasta me espanto cada vez que surge alguien que llega a hablarme de ese modelo.

En cambio, el abordaje curioso trabaja desde otro nivel a través de preguntas que pueden ayudar a entender cual es el espacio libre para obtener alguna otra alternativa. Si mi “amigo” vendedor de ‘tiempo compartido’, en lugar de insistir con su venta me hubiera preguntado “¿está pensando en una renta para cuando se retire?” o “¿quiere conocer alternativas para disponer de una renta en dólares y conocer la experiencia de quienes se han sumado?” es posible que mi “no” no hubiera surgido ni tan rápido ni tan terminante o, probablemente, un “sí” podría haber sido una posibilidad para leer tranquilo el modelo durante mis vacaciones.
Los “sí” y “no”, y todas sus escalas intermedias, son respuestas que construyen, día a día, nuestro futuro. Y no hagamos tan mala imagen al “no”: a veces es importante decir “no”, porque también implica decir que “sí” a muchas otras cosas, a otras prioridades, necesidades, a otras estrategias o, incluso, a otros deseos y valores.
– infobae