El estudio se realizó con un cuestionario respondido de 2006 a 2010 y seguido durante más de una década. Fernando Rodríguez Artalejo es catedrático de medicina preventiva y salud pública de la Universidad Autónoma de Madrid, y calificó la investigación como “un avance sustancial en el campo”.
Es que, tal como señaló, la mayoría de los estudios anteriores se habían realizado en Asia, donde el té verde es el más consumido, y los pocos trabajos hechos fuera de Asia eran “pequeños en tamaño y no concluyentes en sus resultados”.
“Este artículo muestra que el consumo regular de té negro (el té más consumido en Europa) está asociado con una modesta reducción en la mortalidad total y, especialmente, por enfermedades cardiovasculares durante 10 años en una población general adulta de mediana edad, en su mayoría blanca”, dijo en declaraciones a The Telegraph.
Asimismo, agregó que el estudio no establece definitivamente que el té sea la causa de la menor mortalidad de los bebedores de té, debido a que no podía excluir que esto se deba a otros factores de salud asociados con el consumo de té, o bien a otros
hábitos saludables que tuvieran esas personas. En tanto, otra pregunta que quedó sin respuesta tras el estudio es si las personas que no beben té tendrían una expectativa de vida menor y debieran incorporar esta bebida para mejorar su salud.
Al respecto, Rodríguez Artalejo sostuvo que “deberían realizarse estudios con mediciones repetidas del consumo de té a lo largo del tiempo y comparar la mortalidad de quienes no consumen té de manera sostenida con la de quienes han comenzado a consumir té o han aumentado su consumo con el tiempo, y quienes han estado bebiendo té durante años”.
El té negro es rico en
antioxidantes relacionados con una mejor salud cardíaca, intestinal y cerebral, y niveles más bajos de
colesterol “malo”, presión arterial y azúcar en la sangre. El té es una rica fuente de compuestos vegetales saludables llamados polifenoles y estos actúan como una ayuda para controlar los efectos dañinos de las moléculas que dañan las células en el cuerpo.
Estas acciones protectoras se han relacionado con un riesgo reducido de muchas enfermedades crónicas, incluidas las enfermedades cardíacas y la demencia. También pueden contribuir a mejorar la función cerebral, la densidad ósea y el
bienestar mental y podrían reducir el riesgo de
envejecimiento cerebral prematuro. Los británicos consumen una cantidad equivalente a 100 millones de tazas al día, pero pese a todos sus beneficios conocidos, la demanda, especialmente entre los jóvenes, disminuyó en los últimos años.
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